(Texto realizado en español, las traducciones se realizan automáticamente)

En el año 1994 viaje a tierras yucatecas contratado por la Universidad Autónoma de Yucatán pero con fondos de la Fundación Rokefeller para el primer año de actividades. Por esos tiempos se formó la Escuela de Agricultura Ecológica U Yits Ka’an que es dirigida por un grupo de párrocos católicos.

En dicha escuela asisten jóvenes mayas que hablan su idioma además del castellano, a ellos se les instruye en aspectos espirituales, salud, agroecológicos y legales(ver http://www.uyitskaan.org/?page_id=29).
Participé en dicha escuela durante los primeros años, una experiencia muy enriquecedora que cambió el rumbo de mi vida y de mis expectativas académicas (Bautista 1996; 1999).
A 20 años de distancia la escuela de agricultura ecológica vive y sigue enseñando, no solamente a los campesinos mayas, su filosofía de trabajo se expande por todos el mundo.
Lean y disfruten el texto de abajo sobre una experiencia del director de dicha escuela en una conferencia sobre agroecología en Tokio, Japón con relación al reciente accidente nuclear en ese país. La lección es que la agricultura, la producción de alimentos debe ser la base del bienestar de las sociedades, los productos sin etiqueta (naturales) son sanos comparados con la comida industrializada, artificial y barata.

Bautista F. 1999. Capacitación campesina en la Península de Yucatán: Enseñanza y aprendizaje en la Escuela de Agricultura Ecológica U yits Ka’an. Gestión de Recursos Naturales, (17):37-43.
 
Bautista F. 1996. “La capacitación agroecológica campesina en Yucatán: una estrategia contra la pobreza extrema”. Gestión de Recursos Naturales, (5):4-12. 
http://www.uyitskaan.org/?p=420

Los alimentos naturales, la base de toda sociedad

Kisaburo Tanno es un campesino y profeta de nuestro tiempo; a sus más de 70 años, combina la cadencia de su andar con la de sus palabras, muchas de ellas nacidas del recuerdo trepidante y violento, de lo que ha sido una de las mayores tragedias a nivel mundial, cuyas consecuencias, aún no se sabe a ciencia cierta y probablemente ni se sabrá: el derrame nuclear de Fukushima.
Ayer sábado 1 de marzo le tocó iniciar las reflexiones del Symposium Internacional La Agricultura Orgánica y las Comunidades. Las Estrategias para el Mañana, con su ponencia: “El Accidente Nuclear y la Agricultura Orgánica: consideraciones para el futuro e Japón”.

Cuenta el Sr. Tanno que ese fatídico día estaba empaquetando sus productos y comenzó a sentir que se movía la tierra como si fueras olas bajo sus pies, se fue de bruces al suelo y no lograba ponerse de pie nuevamente; no se dio cuenta del problema de la Planta Nuclear sino hasta el siguiente día, su casa estaba como a 50km de la Planta. Muchos murieron por el Terremoto y muchos otros por el accidente. El culpa al Gobierno porque no se hacen responsable el accidente. Como buen campesino, el Sr. Tanno vendía sus productos agrícolas a las familias de Fukushima, pero después de aquel día y con el paso incierto de los años, las familias que aún sobreviven en esa región, ya no le compran sus productos ya que desconfían y piensan que pueden estar contaminados. Después de mucho pensar, el Sr. Tanno decidió buscar otro lugar dónde vivir y establecerse, para empezar de nuevo. Entretanto sus siembras y sus cosechas las vende a sus familiares y amigos que no desconfiaron del él.

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Cuenta también el Sr. Tanno que meses antes del accidente nuclear había sufrido un pequeño infarto, una vez repuesto y habiéndose decidido, deja su tierra y su campo para adentrarse a la búsqueda y a la construcción de un futuro; un amigo campesino de otra región le presta un poco e tierra para que la trabaje. “Este amigo –evoca el Sr. Tanno, tiene por costumbre “probar” la tierra en la que trabaja, llevándose un manojito de tierra a la boca, para reconocerla y diagnosticar su uso”. Desde sus inicios como agricultor, él recomienda la producción para la autosuficiencia familiar.
El desastre de Fukushima cambió todo, no solo el entorno más inmediato, sino a sus alrededores, incluso la vegetación; el color de las copas de los árboles dejaron su espeso verde para pintarlos de marrón.
Después de mucho pensarlo y con la ayuda de varios amigos y amigas campesinas, el Sr. Tanno se traslada a Nagano, ahí inicia con nuevos bríos sus trabajos agroecológicos, sin embargo las condiciones son otras, sobre todo el agua no abunda tanto como en su anterior tierra; -tengo que adaptarme a mi nuevo ambiente. Actualmente él vive en Ueda Nagano. Ahí, una profesora, especialista en Desarrollo Local le ayuda, incluso publicando sus trabajos y experiencias. Debido a su nuevo contexto ha ido aprendiendo de otros campesinos que le van haciendo recomendaciones, como el uso de hoja de pino para forraje y otras tantas aplicaciones.
Al final de su intervención, el Sr. Tano cuenta una anécdota, sobre el escrito que un niño hace sobre la comida: Normalmente la fresa se cosecha en la primavera. En la actualidad se cosecha la frese incluso en el invierno, fuera de su ciclo normal. Pero para que se coseche en Invierno se requiere de mucha energía. Al niño le gustaba mucho la fresa y la comía todo el año, durante la primavera pero también durante el invierno. Cuando el pequeño se enteró, después de Fukushima, que para producir fresas en invierno se requiere de muchísima energía, ya no las come durante este tiempo.
Desde luego que el Sr. Tanno está en contra de más plantas nucleares; los políticos no entienden ni les interesa el sufrimiento de las víctimas de este y otros desastres.
Al final, cadenciosamente señala el Sr. Tanno: “los alimentos naturales son la base de toda sociedad”.
No habrá futuro alguno, al margen de nuestro entorno, de nuestro ambiente natural.
Por ahí se construyó el pasado, por ahí vamos haciendo el presente -a duras penas y contracorriente, sobre todo de las políticas gubernamentales- por ahí construiremos el futuro.

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Atilano A. Ceballos Loeza
Tokyo Japón, 1° de marzo de 2014
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