(Texto escrito originalmente en español, las traducciones automáticas pueden tener errores)

Les voy a contar que hace unos días estuve en la presentación del libro “Una polaca en París” (La vida de María Sklodowska-Curie, 1867-1934) escrito por las españolas Belén Yuste y Sonia L. Rivas-Caballero.

Una charla muy amena sin diapositivas y sin imágenes pero relatada con pasión ¿Por qué me toco el corazón el relato?

No, no sucedió así porque María fuera un puntal de la familia de los cinco ganadores del premio nobel, tampoco por su caudal de reconocimientos en todo el mundo, ni por la gran suerte que tuvo, y no trato de restarle mérito, la suerte o el azar es algo que existe y determina muchas cosas como bien lo explica Nassin Nicolas Taleb (2011) en su libro “Cisne negro”

Diapositiva1Figura 1. La familia de los cinco premios nobel

  • Premio Nobel en Física en 1903. María Curie con Piere Curie su esposo y Henri Becquerel por sus trabajos sobre la radiación.
  • Premio Nobel en Química en 1911. Marie Curie por descubrir el radio y polonio
  • Premio Nobel en Química en 1935. Frédéric Joliot su yerno e Irène Joliot-Curie su hija por el trabajo sobre la síntesis de compuestos radiactivos

El relato de la vida y peripecias de María Sklodowska de Curie, como se dijera de este lado del mundo, me gustó porque se tocó el lado humano de María, como por ejemplo, su gran compromiso social con su gente polaca al dar clases clandestinas de ciencias porque su país estaba invadido por los rusos y no les permitían ni si quiera hablar en su idioma; por su gran amor y compromiso con su familia; y por formar a muchos técnicos en radiología (así se les dice ahora) durante la guerra en lugar de haber salido del país como lo hizo mucha gente para salvar sus vidas. Esta última acción permitió que más de un millón de jóvenes soldados no perdieran la vida o partes de su cuerpo en la búsqueda de las lesiones y las balas dentro de sus cuerpos.Diapositiva2

Figura 2. Los años mozos de María y su trabajo durante la guerra junto con su hija Irene (La ciencia al servicio de la gente)

Sus días como estudiante fueron como los actuales, con poco muy poco dinero, apenas lo indispensable para mal comer y mal vestir. Pidiendo favores a la familia como hospedaje y dinero. También como sucede con los actuales investigadores haciendo el trabajo en condiciones lamentables sin un gran laboratorio como la mayoría soñamos tener alguna vez.

Además llevaba una vida sencilla, su hija Irene decía que nunca le pareció que su mamá se comportara como una eminencia científica, que más bien se comportaba como una campesina polaca: con sencillez. Ella sembraba las plantas del jardín del que fuera  su laboratorio (un almacén horrible).

Actualmente los investigadores estamos sometidos a las presiones  de publicar en las “mejores” revistas con factor de impacto; a graduar a tantos alumnos como se pueda; a dar el mayor número de clases; y a escribir los mejores libros. Creo que nos vendría bien “plantar las flores de nuestros jardines” y llevar una vida más en paz, una válvula de escape a la presión acumulada que muchas veces nos cobra la factura con enfermedades; conflictos familiares;  o con conflictos con nuestros colegas y alumnos.Diapositiva3

Figura 3. María de jóven y María la científica famosa y reconocida

¿Vale la pena “pelear” tanto por ser  el mejor? La moraleja de este cuento es: se puede actuar con sencillez y lograr cosas importantes y si no, al menos, hagamos nuestro mejor esfuerzo cada día que finalmente llegaremos al mismo panteón en el que descansan todos.

Gracias María, aprendí la lección.

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